El aroma a bellota y a dehesa centenaria acaba de coronarse campeón del mundo. El Jamón Los Pedroches, elaborado en la comarca cordobesa que da nombre a esta joya ibérica, se ha alzado con el título del primer Mundial del Jamón, celebrado durante tres jornadas en el emblemático Convento de Santo Domingo de Ronda, en Málaga. Un triunfo que sabe a siglos de paciencia, a curación lenta y a un paisaje que pocos conocen tan bien como quienes lo trabajan a diario.
Un trono que huele a dehesa cordobesa
La comarca del norte de Córdoba, amparada por la Denominación de Origen Protegida (DOP) Los Pedroches, ha dejado con la boca abierta a un jurado exigente al superar a otras tres grandes zonas jamoneras del país: Guijuelo, Extremadura y Jabugo. Ningún territorio había logrado antes este reconocimiento, por lo que la victoria adquiere un valor casi fundacional para el sector.
El certamen, ideado por el reconocido jamonero Enrique Tomás, congregó a ocho marcas finalistas, dos por cada zona en liza, en una cita que combinó cata, técnica y pasión por el producto estrella de la gastronomía española.
Ibedul y Sierra Morena, el sabor que conquistó al jurado
En representación del Valle de Los Pedroches compitieron Ibedul y Jamones Sierra Morena, ambas marcas del grupo familiar cordobés Hermanos Rodríguez Barbancho, con sede en Hinojosa del Duque. Frente a ellas, defendiendo el honor de sus respectivas comarcas, se presentaron Chacinerías Díaz, Aljomar, Consorcio de Jabugo, Micsa, Señorío de Montanera y Montesano, todo un plantel de firmas de referencia en el universo del ibérico.
La voz de los protagonistas
José Ignacio Rodríguez Pimentel, consejero delegado de Hermanos Rodríguez Barbancho y heredero de la cuarta generación al frente del negocio familiar, quiso compartir el mérito con todo un territorio. Explicó que el reconocimiento pertenece, sobre todo, a los ganaderos que cuidan la dehesa y a los maestros jamoneros que llevan décadas calando piezas con paciencia artesanal, subrayando que Los Pedroches ha trabajado con discreción durante años y que este título ayuda, ahora, a que su calidad llegue a más público.
Un producto, mil matices
El directivo aprovechó también para reivindicar la diversidad que existe dentro del propio jamón ibérico. Insistió en que no todas las piezas son iguales, ya que cada dehesa, cada clima y cada método de curación imprimen un carácter distinto al producto final, y defendió que certámenes como este ayudan al consumidor a comprender por qué el origen resulta determinante a la hora de elegir una buena pieza.
El sello que garantiza cada bocado
Detrás de este triunfo hay mucho más que suerte: hay un ecosistema único. La DOP Los Pedroches ampara jamones y paletas procedentes de cerdos ibéricos criados en libertad entre encinas centenarias, en plena dehesa del norte cordobés. Este entorno forma parte de las Dehesas de Sierra Morena, declaradas Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 2002, un tesoro natural que se extiende a lo largo de 424.000 hectáreas protegidas.
Cada pieza amparada por la denominación luce un precinto numerado, colocado por el servicio de control del Consejo Regulador, además de una etiqueta que detalla la alimentación y la categoría racial del animal. El clima de la zona, con veranos secos e inviernos fríos, resulta clave durante el largo proceso de curación, aportando esa textura untuosa y ese sabor profundo que ha enamorado al jurado en Ronda.
Más de medio siglo de oficio en Hinojosa del Duque
Hermanos Rodríguez Barbancho es una empresa familiar nacida en 1967 en Hinojosa del Duque, corazón de la comarca pedrocheña. Más de cinco décadas de trayectoria avalan hoy a sus marcas, Jamones Sierra Morena e Ibedul, presentes ya en más de 25 países. La firma cuenta además con instalaciones certificadas bajo la exigente norma IFS Food, garantía de un proceso productivo cuidado hasta el último detalle.
Lo que empezó como un negocio de barrio se ha convertido, generación tras generación, en un embajador internacional del sabor cordobés. Y ahora, con este título mundial bajo el brazo, Los Pedroches tiene una excusa perfecta para invitar a viajeros y curiosos a recorrer su dehesa, sentarse a una mesa y comprobar, loncha a loncha, por qué el mejor jamón del mundo llevaba siglos esperando en el norte de Córdoba.



